Valentina viene hoy a
merendar a casa. Vamos a hablar de libros.
Creo que ya está aquí.
Será mejor que abra la puerta no vaya a ser se impaciente.
-Hola Mateo. –Dice
sonriente casi cantando. Hago el gesto con la mano de que puede pasar.
-Estás muy guapa hoy.
Coqueta se da una
vuelta para que pueda admirarla entera.
Valentina está llena de
vida. Es una muñeca. Yo la he bautizado como Valentina Pinup. Me recuerda mucho
a una de esas preciosas pinturas que representaban la liberación de la mujer y el
feminismo.
Valentina es joven, rubia,
pelo a media espalda y llenos de ondas grandes. Un pañuelo en su cabeza
demuestra que es coqueta. Su estatura es mediana, buenas proporciones y una
cintura estrecha. Senos ni grandes ni pequeños, perfectos, rectos. Sus nalgas
son redondas… La miro de arriba abajo. Sonríe coqueta.
-El café lo tomaremos
en la cocina –digo esta vez mirando demasiado sus labios de color rosa. Se los
moja.
-Es allí –dice señalando
la puerta sin que le desaparezca la sonrisa de su boca.
-Sí – y va dando
pequeños saltitos que me hacen sonreír.
Madre mía, vaya torbellino
de explosión me acaba de enviar mi jefe.
-Te falta aliciente
Mateo –dijo.
Se quedó pensando por
un gran rato.
-Ya tengo la solución.
-Es lo que me dijo.
La solución era
Valentina.
Cierro la puerta de entrada
y me dirijo a la cocina.
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