lunes, 22 de octubre de 2018

2. Empieza el trabajo.


Llego a la cocina y me la encuentro sentada en uno de los taburetes con un libro que no puedo leer el título porque lo tiene por el lado de la contraportada.
-¿Qué libro has traído?
-No tan deprisa Mateo
Su inagotable sonrisa hace que esta sea recíproca. Levanto las manos como diciendo “de acuerdo, tu mandas”.
-Así me gustas, despacio, sin prisas. Debo hacerte alguna que otra pregunta antes de que empecemos a trabajar.
Me siento en un taburete frente a ella. Me arremango las mangas de mi camisa.
-Dime Valentina, ¿qué quieres saber?
-Don Eulalio me encargó este trabajo con la condición de que no tendría que ir el viernes a trabajar. Tendría que venir los viernes por la tarde contigo. Tenemos que hablar de libros, lo que para mi es más un disfrute que un trabajo porque debo ayudarte a hacer reseñas.
Me mira pidiendo mi aprobación.
-Así es. –Digo sin dejar de mirarle su boca.
Me atrae, creo que nos llevaremos bien.
-Libros de todos los géneros, para toda clase de público.
-Perfecto, lo veo bien.
Coge el libro que ha traído, lo va arrastrando poco a poco y cuando lo tengo delante se retira. Quiere que sea yo quien le dé la vuelta. Así lo hago.
-“Los puentes de Madison County”, autor: Robert James Waller.
La miro.
-¿Por qué este libro?
-Porque jamás un hombre ha sabido expresar mejor lo que es el amor.
-Vaya, yo no lo hubiese dicho mejor.

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