Llego
a la cocina y me la encuentro sentada en uno de los taburetes con un libro que
no puedo leer el título porque lo tiene por el lado de la contraportada.
-¿Qué
libro has traído?
-No
tan deprisa Mateo
Su
inagotable sonrisa hace que esta sea recíproca. Levanto las manos como diciendo
“de acuerdo, tu mandas”.
-Así
me gustas, despacio, sin prisas. Debo hacerte alguna que otra pregunta antes de
que empecemos a trabajar.
Me
siento en un taburete frente a ella. Me arremango las mangas de mi camisa.
-Dime
Valentina, ¿qué quieres saber?
-Don
Eulalio me encargó este trabajo con la condición de que no tendría que
ir el viernes a trabajar. Tendría que venir los viernes por la tarde contigo. Tenemos
que hablar de libros, lo que para mi es más un disfrute que un trabajo porque
debo ayudarte a hacer reseñas.
Me
mira pidiendo mi aprobación.
-Así
es. –Digo sin dejar de mirarle su boca.
Me
atrae, creo que nos llevaremos bien.
-Libros de todos los géneros, para toda clase de público.
-Perfecto,
lo veo bien.
Coge
el libro que ha traído, lo va arrastrando poco a poco y cuando lo tengo delante
se retira. Quiere que sea yo quien le dé la vuelta. Así lo hago.
-“Los
puentes de Madison County”, autor: Robert James Waller.
La
miro.
-¿Por
qué este libro?
-Porque
jamás un hombre ha sabido expresar mejor lo que es el amor.
-Vaya,
yo no lo hubiese dicho mejor.